El Ambiente desde una perspectiva de la Economía Popular

La emergencia de la pandemia de coronavirus posibilita entender los impactos globales de la estrategia extractivista del capitalismo global actual y comprender la importancia del desarrollo de otras alternativas. La Economía Popular se abre paso con la emergencia de nuevos actores que aportan al proceso de cambio hacía un ambiente más sostenible y sustentable, que debe tener como protagonista al Estado, las empresas, las organizaciones sociales y cooperativas y a los medios de comunicación.

Por Juan Orco. Jardineros Sin Fronteras – Área de Educación Ambiental.

Hablar de ambiente en el transcurso de una pandemia nos permite entender los impactos globales de la estrategia extractivista del capitalismo global actual, pero también nos posibilita comprender, con más herramientas, el desarrollo vital de la Economía Popular. En este sentido, nos referimos a una estrategia de subsistencia que trabaja colectivamente fortaleciendo las redes comunitarias, reconstruyéndolas, apelando a una memoria de las prácticas de los territorios y explorando nuevos caminos para resistir un modo de vida urbano que excluye y que no alberga a los que menos tienen.

La Economía Popular es una estrategia de vida que visibiliza y da cuerpo a las múltiples acciones que encabezan quienes están fuera del circuito formalizado. Resulta difícil explicitarla, ya que minuto a minuto se crea un mecanismo para armar un sistema precario de trabajo y producción de servicios. Los objetivos del sistema son pagar la cotidiana y acceder a bienes y servicios sociales en un modelo de crecimiento ya establecido y normado por un capitalismo global.

Sin embargo, hay propuestas que socialmente defienden y promueven otras lógicas: productores de pequeña escala, prestadores de servicios, elaboradores de alimentos. Pero nos interesa centrarnos en los recolectores, cartoneros y recicladores que generan, por ejemplo, un sinfín de atribuciones para el aprovechamiento secundario de materiales que diferentes personas, familias, empresas descartan pero que aún tienen la posibilidad de brindar un plus como materia, energía, a través de la tecnología para su reutilización.

Los sistemas de recolección y diferenciación de residuos, ya sea para su reaprovechamiento, su transformación o reciclado demandan de un colectivo a veces organizado, que se convierte en pieza fundamental para lograr que los productos desechados sean tratados para su recuperación. Asimismo, una industria tecnologizada, con inversiones importantes para su implantación, con horas de prueba y error, trabaja y crece a la par, impulsando, quizás contradictoriamente, a los recolectores de una economía informal y también de las empresas.

Nuevos sujetos, nuevas reivindicaciones

Las dinámicas sociales actuales abren paso a la aparición de nuevos sujetos, en este caso, los recolectores-recicladores, una industria sin edificios ni patrones, un modelo, con algunos galpones y lugares de acopio, que apunta a una eficiencia energética en su inversión de trabajo. Los recolectores-recicladores tienen definida una fuerza de trabajo y un territorio que abarata las costos e impactos ambientales (bajando la tan famosa huella de carbono) porque recolectan su mercancía en un radio próximo al hogar o punto de acopio con una dinámica rápida, de bajo costo y que es complementaria a otras actividades de servicio.

Su emergencia genera un contrapunto: salir a trabajar, buscar el material el punto de servicio genera un alto costo para la seguridad laboral y afecta a la salud física y mental, como así también al sostenimiento afectivo familiar. En la diaria, se convive con una dinámica azarosa: la mayoría de las veces se trabaja, pero sin horario de regreso ni condiciones aseguradas, buscando el impacto positivo al final del día, pero sin certeza sobre una segura dinámica cotidiana.

De esta manera, el rol de las organizaciones y los espacios cooperativos debería encaminarse a la generación de estrategias que pueden concientizar sobre la importancia del trabajo planificado en la Economía Popular, con un orden de salida, un modelador de las articulaciones, pero también con un método que pueda sostener la seguridad personal, la salud física y mental y, sobre todo, la contención y el acompañamiento a los niños.

La conquista de derechos, a su vez, deberá ser acompañada por el Estado y las empresas, siendo necesario que se favorezca a los trabajadores que cotidianamente aportan valor a estos procesos de producción inmersos en las más diversas prácticas culturales.

El ambiente más allá de las clases

La lucha por un ambiente más sano está presente incluso en el contexto de la pobreza: no es solo la clase media que reclama limpieza en los espacios verdes, que se recolecten los residuos o se controlen los vertidos cloacales, sino que la salud en los barrios populares y la mirada de quienes caminamos la ciudad siempre está en alerta con las situaciones que vulneran la salud y que nos inhiben de poder disfrutar un espacio público o de uso común.

Problematizamos los entornos de vida cotidiana cuando se nos llena de basura la vía pública, porque producimos desechos que superan la capacidad de los sistemas de recolección, principalmente en zonas periféricas, pero la lucha por un ambiente más sano también nos interpela desde otros aspectos. La disponibilidad de un espacio verde, una huerta, el acceso a la tierra, la vivienda, el cultivo y el criadero, el acceso a buena calidad de agua son parte del proceso de entender los problemas ambientales y dar soluciones alternativas puntuales.

La Economía Popular y sus nuevos sujetos se involucran para mejorar el entorno de los barrios populares, recolectando, reciclando, atendiendo jardines, acondicionado espacios de terceros. Es un proceso que debemos atender socialmente, y extender reclamando y señalando a los medios de comunicación que fortalezcan esos procesos y queden a la luz, anoticiando, socializando y construyendo los canales de reclamos y materialidades que hagan posible una nueva lógica por fuera de las propuestas nocivas del capitalismo global.

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